lunes, 10 de marzo de 2008

Áspera amargura

La noche del domingo 9 de marzo no fue especialmente feliz para mí. Pese a la derrota tan esperada de Rajoy en las elecciones, las mismas supusieron todo un deterioro del sistema democrático español, que sigue desde su instauración. Como siempre, el capitalismo tiende a masificarlo todo y a despreciar a las minorías: ya sean los inmigrantes, los mendigos o los nacionalistas, y se queda tan sólo con lo esencial, eliminando lo que puede ser dañino para su desarrollo. Desde que el PP comenzó con su crispación hasta los dos debates robóticas entre los líderes de “los principales partidos políticos”, pasando por la demanda del “voto útil” por parte de Zapatero. Todo ha contribuido a que esa noche del 9 de marzo yo y otros muchos críticos con el sistema nos fuéramos a dormir con una sensación desesperanzadora y áspera. Una especie de sabor amargo que sólo ocho horas de sueño pueden remediar.

El resumen de las elecciones está claro: triunfa el bipartidismo que tanto los medios de comunicación como los propios partidos “mayoritarios” han promulgado, excluyendo y dejando fuera de juego a la izquierda real española. Poco a poco, el sistema nos engulle porque no le interesamos y, al final, todo desembocará en un modelo semejante al norteamericano: una campaña circense en la que lo de menos es el programa electoral que resulte elegido. Lo importante en campaña es besar a niños, ancianos y enfermos, fotografiarse junto a ellos y espolear al candidato rival. Las medidas son lo de menos y nada importan realmente asuntos como el cambio climático o la corrupción, porque realmente el gobierno se lava las manos con esas cosas. Izquierda Unida fue la gran derrotada, junto a los mal llamados “partidos extremistas nacionalistas”, que al menos combaten por una causa común, despreciados por todos esos periodistas que se dan de eruditos pero que no han examinado la historia con el punto de vista que requiere.

Mientras tanto, la Comunidad Valenciana se revalida como el feudo facha español por excelencia y da la victoria a esos señores mayores con tan buen aspecto, que contrasta con la pobreza de tantos barrios valencianos, cercanos por cierto a su Ciudad de las Artes y a ese destructor medioambiental e innecesario circuito de Fórmula Uno. Mientras tanto, la sanidad sigue empeorando, junto con la corrupción y la manipulación informativa y sólo dos partidos tienen sitio en el Congreso de los Diputados. ¿Es esa pluralidad que requiere la democracia y con la que tanto han pregonado los socialistas? ¿Realmente es democrática esta tendencia al bipartidismo tan agresiva? Todo empeorará, por lo tanto, en los próximos cuatro años: tanto la crispación popular, como la especulación urbanística y la contaminación atmosférica. España seguirá creciendo junto con esa Europa vedada, opositada con el aumento de la pobreza africana, y ni hablar de una modificación de la ley de Partidos. Con el sistema electoral actual, una parte de los votos destinados a los partidos minoritarios recae en los grandes, con lo que a los primeros les resulta casi imposible crecer en número de escaños. Eso es lo primero que se debería de replantear Zapatero si realmente cree en la democracia.

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