miércoles, 1 de septiembre de 2010

Generación precaria (II)

Es un derivado agrio del masivo desempleo juvenil. La Organización Internacional del Trabajo asegura que el consumo de drogas aumenta más entre la comunidad joven conforme se incrementa el nivel de paro. Habría que ir más lejos, alcanzar a vislumbrar más allá: ¿Cuántos adolescentes y jóvenes sin empleo son atraídos por los camellos para ejercer de intermediarios? Es un mundo invisible, pero que azota fuertemente en algunos pueblos de La Canal y La Costera. Unos puntos que se han convertido en auténticos hervideros para la venta y el menudeo. Triunfan la cocaína, las anfetaminas y sus derivados. No son muy caras y sus efectos son rápidos y certeros.

El consumo es el eje alrededor del cual gira todo. En un modelo de vida que prima el enriquecimiento personal a costa de todo, ganarse la vida trapicheando es una salida para cada vez más adolescentes. Los chavales sin estudios son carne de cañón para los camellos, que encuentran en ellos la ocasión perfecta para dar salida a su productos. Y los convierten en soldados de la calle, asesinos en potencia. Mensajeros de la (auto)destrucción. Abandonaron el instituto porque no era para ellos. Perdidos, se enfrentaron a un mercado laboral en el que no tenían cabida. Y terminaron transitando por un camino que parece fácil, pero que se puede tornar en sangriento. Porque a los muertos en vida, los que empiezan los fines de semana y terminan enganchados, hay que sumarles aquellos que se ven envueltos en refriegas. Enfrentamientos relacionados con un mercado sumergido que mueve millones.

De vez en cuando, hay detenidos. Sucesos que conmocionan las tranquilas vidas de diminutas poblaciones. Como son conejillos de indias, serán rápidamente repuestos. La represión policial no funciona para acabar con un negocio en el que hay mucha oferta y mucha demanda. A expensas de que se abra en serio el debate sobre la legalización, apoycado cada vez por más intelectuales, sólo cabe una política de conciencia y reintegración que evite la caída de los adolescentes en las redes de la droga. Brindarles una segunda oportunidad es lo mínimo.

(Publicado en la edición comarcal del diario Levante-EMV)

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