lunes, 15 de marzo de 2010

Los presos políticos en España




El pasado martes 9 de marzo fue puesto en libertad el conocido preso anarquista Amadeu Casellas Ramón, condenado en 1985 a una pena indefinida como consecuencia de la reincidencia en atracos a diversas entidades bancarias. Con el dinero que obtenía de los robos, fueron financiadas durante años múltiples luchas obreras y sociales. Fue apodado por los medios de comunicación como «El Robin Hood español», porque repartió el dinero expropiado entre organizaciones y personas en apuros económicos. Pero ni eso le ha salvado de ostentar el dudoso honor de ser el preso que más tiempo ha permanecido en la cárcel sin que se le achaque ningún delito de sangre.

Veinticuatro son los años que Casellas ha cumplido. Ahora, el director de la prisión en la que se hallaba interno, admite que han sido ocho más de los que debiera. «Un pequeño error administrativo», asegura. Lo cierto es que le fue aplicada la doctrina Parot, propia de presos conflictivos que pueden llegar a cumplir más de lo que la ley dicta. Más que conflictivo, Casellas era un preso desobediente. Militaba en la COPEL (Coordinadora de Presos en Lucha). Protagonizó airadas protestas para mejorar los derechos de los presos, que se hayan todavía en una situación muy precaria en varias prisiones del Estado Español (sólo hay que ver las altas tasas de suicidios, la permisividad de las drogas o las condiciones infrahumanas de algunas de instalaciones). Claro está que al Estado no le interesan los presos que se niegan a acatar servilmente las órdenes de los funcionarios. Aquellos que no mantienen la boca cerrada no tienen vida. No sólo carecen de libertad, sino también de dignidad.

En 2008, Casellas ya había superado el máximo de años legales de estancia en la prisión. Ante la negativa de las instituciones penitenciarias de que le fuera aplicado el tercer grado penitenciario, inicio una durísima huelga de hambre de ochenta días de duración. Gracias a la actuación de la CNT –sindicato al que Casellas pertenece-, finalmente le fue concedido el tercer grado. Pero a mediados de 2009, Instituciones había demorado la negociación del permiso, e inició una nueva. Esta vez, de sesenta días. La relevancia del caso Amadeu en los medios de comunicación ha sido nula, a diferencia de lo que sucede en otros lugares. Tan sólo se mostró la violencia callejera, ejercida a modo de presión por diversos colectivos anarquistas.

¿De verdad habría sido noticia de portada si Casellas hubiera muerto como Orlando Zapata? ¿Acaso no lo habrían tachado de radical y criminal? La diferencia, dirán los analistas más profesionales de los medios, está en que en Cuba no hay democracia, y en España, en cambio, sí. Definitivamente, cuando los medios convencionales opinan, no defienden los valores que subyacen en el sistema democrático, donde el poder reside en el pueblo, sino que únicamente enarbolan la bandera de la etiqueta de lo democrático. No importa, mientras se vote cada cuatro años, que España sea uno de los países donde más irregularidades carcelarias existan y uno de los primeros (democráticos) en casos de torturas a manos de funcionarios y Fuerzas de Seguridad. ¡Viva la democracia!

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