Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Camps. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Camps. Mostrar todas las entradas

martes, 26 de octubre de 2010

Cómo criminalizar la desobediencia civil


Anna, sábado 23 de octubre. Un grupo de jóvenes se convoca a las puertas de un acto institucional del que serán partícipes el presidente de la Generalitat, Francisco Camps y el de la diputación, Alfonso Rus. El secretismo del Partido Popular del municipio entorno a la visita de los dirigentes ofrece un escaso margen de tiempo a los manifestantes para preparar la convocatoria. Al final, sólo un grupo de unos diez jóvenes acude. El PP ha logrado desactivar en parte la protesta. Camps, además, no había comunicado oficialmente su estancia entre la comitiva.

A la movilización se suman indirectamente algunos padres de alumnos de la localidad. El Partido Popular prometió en 2007 la inminente construcción de un colegio largamente reivindicado por la comunidad educativa de Anna durante años. Algunos padres y madres colocan pancartas (poco visibles) frente al acto institucional. La AMPA del colegio Ramón y Cajal ha desestimado como asociación estar presente en la protesta y sólo son dos o tres interesados quienes, a título individual, participan. Da la coincidencia de que la presidente de la AMPA del municipio es, precisamente, edil del PP en la oposición. Como ella, la mayor parte de madres y padres simpatizan con su ideario y deciden no participar para no dejar mal parados a sus ídolos políticos. Alarma el partidismo que preside el mundo de la escuela y sus órganos de gobierno. La nula independencia impide que a los oídos de Camps llegue la reivindicación de los padres y los alumnos, que conviven en un centro con nulas medidas de seguridad.

El grupo de jóvenes protestan contra la futura construcción de un macrovertedero en el adyacente municipio de Llanera de Ranes. El portavoz del Partido Popular asegura que están alentados por el equipo de gobierno de Anna y acusa directamente a un edil de provocar la protesta. La jefa de prensa del PP lanza la misma hipótesis ante los medios. Los jóvenes, sin embargo, se declaran independientes de cualquier organización política, únicamente movidos por una causa que consideran justa, miembros de un colectivo cívico. Pacíficamente despliegan sus pancartas. De manera inmediata, se ven cercados por seis miembros de la policía vestidos de paisano y por el jefe de la Policía local. Éste último les engaña deliberadamente impidiéndoles ejercer su libre derecho a la libertad de expresión y protesta, propio de toda democracia avanzada. Asegura que el jefe del Consell llegará por un lado y les prohíbe desplazarse. Al final, el truco se desvela. Camps acude por el lado contrario.

La policía ha logrado su objetivo. En connivencia con el poder político, criminaliza la desobediencia civil y consigue desarmarla. Camps se va de rositas, evitando cruzarse con los manifestantes. La causa justa se desvanece cuando jóvenes de Nuevas Generaciones increpan a los manifestantes tachándolos de “guarros”, como los fachas llaman a la gente de izquierdas. Son jóvenes de las comarcas que se verán afectadas por el macrovertedero. Jóvenes conservadores que se comportan como tales: no protestando por las injusticias, conformándose con el estado de cosas existente y vistiendo muy correctamente, absolutamente partidistas y de ninguna manera independientes.

Pero el momento estelar llega al final. Alfonso Rus hizo gala de su catálogo de buenas maneras y, sin venir a cuento, lanzó todo tipo de improperios contra los activistas anti-vertedero a su salida del evento. Palabras extremadamente malsonantes, cortes de manga, descalificaciones personales e incluso un amago de agresión. Todo un representante de una buena parte de los valencianos burlándose de los métodos democráticos, de los ciudadanos que le votaron y lanzando por los aires el civismo. ¿Qué hicieron los militantes populares allí congregados? Lejos de condenar a Rus, su líder ideológico y espiritual, su musa, su imagen de poder, lo aplaudieron. Alabaron una actitud tan despreciable que daña los mismos cimientos del Estado democrático español. Jóvenes y ancianos alineados contra gente de su propio pueblo, insultando también, contagiados por la actitud de su bajito dirigente.

Junto a la policía, hay un sector de la población que también criminaliza a los desobedientes. Son conformistas resentidos porque saben que, en el fondo, se identifican con la causa de los que protestan. A la policía le pasará igual. Varios miembros de la Plataforma No al Macrovertedero de Llanera denuncian que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado les tienen totalmente fichados. A alguno le llegaron a preguntar domicilio y situación laboral en una manifestación, sin venir a cuento. A otro, durante la convocatoria del sábado, lo acompañan hasta el baño. Reducen a los desobedientes a la condición de terroristas y, al mismo tiempo, consiguen disuadir a otros potenciales desobedientes que no quieren verse metidos en bases de datos policiales ni enfrentarse a masas conservadoras cargadas de ira contra su inconformismo.

miércoles, 10 de junio de 2009

Canal 9: el NODO valenciano


Todos los investigadores de la comunicación franquista destacan al NODO como uno de los más poderosos propagandísticos –sino el mayor- del régimen. Se trataba de un mini-informativo, con noticias muy particulares, encabezado por la frase “la información mundial al servicio de los españoles”. Esa “información mundial” que se vanagloriaba en ofrecer antes de cualquier proyección en los cines, a penas mostraba una o dos noticias, siempre nacionales, siempre protagonizadas por el Caudillo. Ahora bien, a nadie se le permitía entrar después de su emisión, se consideraba sagrado y, por tanto, constituía un poderoso instrumento de adoctrinamiento, al mostrar un punto de vista muy subjetivo y desenfocado de la realidad española.

El NODO murió con Franco, pero algunas de sus tendencias y prácticas han continuado y continúan en algunos medios audiovisuales del país. Sin irnos más lejos, algunas televisiones públicas provinciales ejercen de auténticas correas de transmisión de las medidas e ideologías de los partidos gobernantes en dichos territorios. Hablamos de Telemadrid, pero también de Canal 9, la televisión autonómica valenciana.

Y es que el presidente valenciano, Francisco Camps, es el nuevo Franco para los informativos de Canal 9. Si bien una de las características del viejo NODO eran las continuas noticias superfluas sobre inauguraciones de pantanos diversos por parte del Generalísimo, notificamos en Canal 9 la misma proporción de superficilidad, así como un alto grado de noticias copadas por la imagen de Camps. Todo lo que inaugura es susceptible de ser noticia, potenciando con ello una imagen positiva del líder, siempre sonriente y con sapiencia de done se encuentra la cámara en cada momento.

Pero lo más escandaloso de todo ha sido la completa omisión de cualquier imputación del presidente en la trama Gürtel, un instrumento de manipulación al servicio de la Consellería, totalmente permisiva con dichas prácticas beneficiantes. Papel determinante también han tenido los servicios informativos –presididos por Pedro García, amigo íntimo de Camps-, en las sucesivas victorias –regionales, nacionales y europeas- del Partido Popular, a pesar de los continuos casos de corrupción (Carlos Fabra, Costa, Camps, etc.) o las protestas masivas contra algunos consellers por sus prácticas inefables, como el de educación, Alejandro Font de Mora. Y es que basta con observar un telediario para darse cuenta de la gran primacía que las informaciones casi institucionales, todas del PP, gozan de primacía ante el resto de partidos políticos.

La unidireccionalidad de los mensajes propugnados por esta cadena pública va más allá, en un adoctrinamiento enraizado en la tradición más abiertamente anti-catalana, de naturaleza blavera –corriente nacida de los valencianos nostálgicos de la minorización del valenciano durante el franquismo-, utilizando una lengua considerada por todos los filólogos como totalmente inadecuada, llena de barbarismos e interferencias castellanas. Por otro lado, sorprenden noticias como las listas elaboradas dentro del medio, con una serie de palabras terminológicas que no deben usarse por ser consideradas “demasiado catalanas”, pero que en realidad, consultando cualquier diccionario, las propuestas resultan ser meros sinónimos e incluso a veces palabras inadecuadas de nuevo, a otras que realmente son valencianas (lo que demuestra su carácter de dialecto catalán sin duda alguna).

Otras de las listas de las que tenemos noticias son de aquellas en las que se señalan las posibles personas que podrían no ser afectas al PP, lo que supondría una automática purga mediante algún mecanismo rocambolesco para evitar sanciones. Ese es verdaderamente el gran drama para la democracia valenciana: el hecho de que ningún organismo sancionador del audiovisual tenga capacidad para actuar sobre los comportamientos dictatoriales de algunas cadenas públicas de televisión. A la espera quedamos todos de ese plan que Rodríguez Zapatero anunció ya tiempo y que parece no llegar nunca, en forma de nueva ley del audiovisual.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Poco pan y pésimo circo


Históricamente y, sobre todo, desde la llegada al trono del capitalismo como forma de organización socio-política, las crisis económicas han servido como pie para cambios estructurales o coyunturales, respiros y desahogos que supusieron una nueva etapa necesaria. También es cierto, que es en esos momentos, cuando todas las instituciones parecen funcionar inadecuadamente, y cuando surgen a flote los agujeros más acuciantes de la actual “democracia”.

Colapso del sistema de justicia, difíciles relaciones con los bancos y las empresas que no quieren prescindir de beneficios, paro abundante, crisis políticas y corrupción, mucha corrupción. Toda la mierda sale a flote en medio de una debacle, poniendo totalmente en jaque a la clase política, que debe hacer todo lo que tenga en su mano para tapar los agujeros creados por sus propias ansias de ambición.

Es el caso de Valencia. ¿Quién no sospechaba de la gran trama de corrupción que el presidente Camps y todo su equipo de Gobierno –Consell y Diputaciones incluidos- tenían montado en el País Valenciano? Es cierto, sus votantes del PP, es posible. Incluso seguramente todavía prefieran vendar sus ojos, culpar a los diarios izquierdosos y a una oscura red conspiranoica (como tanto nos tienen acostumbrados y acostumbradas) de todos los trapos sucios que a diario alumbran a la vida pública. Es debido esto al hecho de que la obligatoria alitanoreidad que el sistema obliga a los y las ciudadanas y ciudadanos, impide una visión y crítica objetiva de la clase política, impidiendo que la democracia se desarrolle de forma factible. Pero ese es otro asunto.

El caso es que, tanto la Copa America como la Fórmula Uno, como los trajes de Camps, como una larga lista de etcéteras, fueron eventos urdidos bajo mano, a empresas amigas del gobierno, y con extorsiones y sobornos de por medio. Caso aparte merece el presidente Fabra, que, sin descaro, presumía ayer de la cantidad de enchufes nepóticos que ha conseguido colocar en diversos Ayuntamientos a lo largo de todo el País Valenciano. Bravo por él, un nuevo triunfo político de este “personaje honorable”, como lo calificó Mariano Rajoy. Lo más escandaloso es la falta de autocrítica dentro del Partido Popular, una nueva comprobación de que la división bipartidista e ideológica de la sociedad no contribuye en nada al buen funcionamiento de la misma, porque tanto unos como otros se ganan el pan tratando de tapar los agujeros que compañeros y compañeros producen, para no verse afectados por la crisis del partido. Todo una gran mentira, como ven. Por eso, como los emperadores romanos, nuestros políticos valencianos, aunque se niegan a dar explicaciones sobre la trama, contratan millonarios conciertos a cadenas subvencionadas por monopólicas cadenas de televisión para tener contentos a miles de jóvenes, entusiasmados ante la asistencia a un evento gratuito, como lo fue ayer el concierto de Franz Ferdinand, Mando Diao y compañía, en la ciudad de las artes y la ciencias. Como ven, ante el poco pan que cada vez tenemos para llevarnos a la boca –a lo que han contribuido con sus embolses millonarios-, nos ofrecen el circo, para que callemos, para que no nos podamos quejar.

Pero lo cierto es que cada vez se escuchan más por la calle opiniones de repulsa. Es ahora también, al ser los problemas visibles para la mayoría de la gente, cuando se crea un clima de incertidumbre y crítica alrededor de la funcionalidad de la clase política en la sociedad. ¿Realmente es necesario que seamos gobernados? ¿Cómo podemos aguantar a los políticos y las políticas, esos entes que nos han arrastrado hacia la situación actual y que, además, aceptan los escándalos ilegales como algo normal?