martes, 27 de octubre de 2009

La debacle de la industria cultural


Con la liberación de las masas oprimidas que ya preconizó Ortega y Gasset en su día, se abrió un mundo de posibilidades para el capitalismo, donde la cultura, convertida en mercancía, podía ser comprada y vendida a cambio de sustanciosos beneficios para editoriales y discográficas variadas. Nació así la denominada industria cultural, un término que puede semejar antagónico a primera vista, pero que ha generado importantes cantidades de dinero y artistas más o menos frustrados y continuistas en los top de este país. Hubo una época de auténtico boom en la que todo funcionaba: los libros se vendían, los discos más aún y las películas se veían en los cines. Productores, editores y discográficas se frotaban las manos y llenaban sus bolsillos con la creatividad de otros.

Sin embargo, llegó un invento que terminaría convirtiéndose en un auténtico lastre para la industria cultural: internet. La masa comenzó a descargarse los discos, las películas e incluso los textos de sus autores favoritos. Con un solo clic podían acceder a ellos sin tener que prescindir de las altas cantidades de dinero a las que habían comenzado a ascender las obras culturales. Sobre todo, el público adolescente (del que más se nutre este tipo de industria), carente del dinero que la precariedad laboral no puede suministrarle (sueldos bajos, dificultad de conseguir trabajo a largo plazo, estudios, etc.), comenzó a bajárselo todo –literalmente- de la red. Precisamente la generación que creció con la creencia de que lo podía tener todo, se topó con que eso realmente es así en Internet. El fluido de canciones y películas satura los servidores y, pese a que el consumo es hoy más grande que nunca, la asistencia a las salas y la venta de discos sigue cayendo en picado.

Ante tal descenso de beneficios, las discográficas han comenzado a ahogar a los autores con tasas irrisorias, maltratos psicológicos y robo de la propiedad intelectual de sus obras. Al mismo tiempo, las editoriales se aprietan el cinturón y, además de hacer lo propio con los escritores de mayor renombre, han cerrado el mercado a cal y canto a las nuevas promesas. Y lo mismo en el cine: la carencia de audiencia va en paralelo a la carencia de ideas y de buenas producciones. El resultado: un estrangulamiento aún mayor del mercado cultural, todavía más prostituido por aquellos a quienes poco les importan los beneficios intelectuales de la cultura. ¿Cuántos grupos valencianos pueden darse a conocer hoy en día, tan escasas como andan las subvenciones?

Pero hay más. Ante la crisis, algunas editoriales están poniendo en práctica métodos fraudulentos para engañar a los escritores noveles, ansiosos de ver sus obras impresas. Me contaba un amigo el otro día que, tras acabar su novela, mandó un manuscrito a cierta editorial que, al cabo de pocos días, le sorprendió anunciándole que estaban dispuestos a publicar su obra. Tal fue su entusiasmo que, en el momento, fue incapaz de pensar racionalmente y extrañarse por la rapidez de la editorial y su respuesta afirmativa. Sin embargo, pronto le llegó un correo electrónico con el contrato que, en letra pequeña, estipulaba las condiciones: mi amigo, como autor, debía pagar 5.000 euros para que la obra se publicara y los beneficios los obtendría si vendía 200 ejemplares él mismo. Así es como se trata a los autores hoy en día, menospreciando su esfuerzo y aprovechándose de sus ilusiones.

Ante tal debacle estructural, los verdaderos artistas han optado por independizarse de sus discográficas o casas editoriales. La decisión de abandonar el sistema es difícil, entraña riesgos, pero hoy por hoy resulta la única vía factible para poder efectuar tu trabajo en base a tus verdaderas convicciones. Conscientes los grupos de que sus beneficios reales se hallan en los conciertos, optan por regalar sus grabaciones o, simplemente, colgarlas en la red. Así, cualquiera puede tener un grupo, grabar en un estudio sus canciones y distribuirlas a un precio módico, donde no hay intermediarios de por medio. Realmente, la cultura para las masas se está convirtiendo en cultura hecha por las masas, lo cual es bueno, porque aumenta la participación y la lucidez global.

Las ansias incontroladas de las discográficas por chupar la sangre de los artistas a su servicio les ha llevado a una situación que prevé una más que segura desaparición del mercado en pocos años. Se lo tienen merecido. Decenas de escritores están haciendo lo mismo en Internet, a través de páginas como Lulú o Bubok, donde pueden autoproducirse sus obras. El esfuerzo es mucho mayor, pero puede verse recompensado con la idea de que se está actuando de manera autónoma y fiel, con el sudor de su propia frente. Es así como la autogestión se está convirtiendo, poco a poco, en la forma más eficaz para poder sobrevivir haciendo lo que a uno le gusta. Algo que, tratándose de la cultura, es además un camino útil para la autorrealización personal.

martes, 20 de octubre de 2009

Estado policial


Una vez más, los ciudadanos y ciudadanas de las comarcas de La Costera y La Canal de Navarrés utilizaron el único recurso democrático para protestar contra la instalación de un macrovertedero en un diminuto pueblecito de la primera de las comarcas mentadas. Y digo único porque en esta democracia indirecta, nuestros supuestos representanes, los políticos, nos han abandonado en un tema tan candente en la opinión pública como éste, utilizando el voto de tantos para venderse al mejor postor y sacar el beneficio de llevarse la mierda –con perdón- a otra parte. Pues bien, miles de personas asistieron a tamaño acto de fuerza protagonizado por vecinas y vecinos de clase media, separados por los lindes municipales e incluso por diversidades ideológicas, pero unidos, al fin y al cabo, por una misma causa: la reconsideración de que Llanera se convierta en el basurero de la zona.

Sin embargo, pese a la normalidad pacífica que reinó entre los congregantes durante toda la manifestación, las fuerzas de seguridad se encargaron de amañar un poco más los cauces democráticos de la ciudadanía para luchas contra las injusticias. Si les digo que un policía de la secreta; es decir, vestido de paisano, hizo su aparición estelar al retener a unos jóvenes por el simple hecho de realizar una pintada en un muro de una casa abandonada, ciertamente parecerá que algún bribón con ansias de poder ha vuelto a instaurar una dictadura en el Estado español. Pero no. También es muy extraño en un país democrático el hecho de que sean las mismas fuerzas de seguridad, bajo órdenes sumisas de las políticas, las que marquen el camino por donde debe transcurrir la manifestación, palmo a palmo.

Y ese camino fue ciertamente y, para ser sinceros, deplorable. En lugar de transcurrir por las calles principales del municipio –donde, curiosamente, vive el alcalde, el mismo que dio el visto bueno a la adopción del enorme vertedero-, la marcha fue obligada a hacerlo por caminos empedrados y por zonas sin iluminación ni viviendas a la vista. Así todos ganan: los manifestantes se creen que su voz se escucha y el poder político puede respirar tranquilo porque la manifestación está controlada. La situación fue verdaderamente lamentable: jóvenes, algunos de los pocos que luchan por disminuir las injusticias sociales en nuestras comarcas, llamados a identificarse ante los infiltrados. La reacción popular fue justa, clara, de abominación contra los actos de la guardia civil. Un cuerpo que fue cobarde: ya nadie se atrevió a retener a más manifestantes mientras se gritaba en su contra.

El Sistema actual demanda un orden tan grande para contener la amenaza continua explosión que la libertad de expresión acaba difuminándose entre las paredes del Estado de Derecho. En una sociedad ligeramente desordenada, lo que hace un individuo a penas se hace notar. En una sociedad con un orden tan severo como la nuestra, la oveja negra sufre de persecución, porque no sigue al rebaño. Los perros guardianes, al servicio de los gobernantes, están, además, aliados con el imperio mediático y comunicativo. Sorprendentemente, muchos fueron los medios que ni siquiera se hicieron eco de la noticia, a pesar de que no todos los días se producen manifestaciones tan multitudinarias en las localidades de las comarcas centrales del País Valenciano. Quizás no sea algo funcional a sus intereses, que no son otros que contribuir al mantenimiento de la estructura endémica del sistema; es decir, al orden.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Y el mundo se volvió loco, loco, loco


En El mundo está loco, loco, loco el genial Stanley Kramer retrataba la esencia de la sociedad con una serie de situaciones cómicas y realistas en las que queda patente lo irrisorio de la condición humana. Es cierto, todos albergamos a un loco en nuestro interior, pero, sin lugar a dudas, en los últimos tiempos se están dando situaciones –quizás provocadas por la crisis capitalista que aún nos hace cometer más locuras- que servirían de argumento perfecto para otra película de Kramer. Para facilitarle el trabajo, haremos una especie de diversas propuestas que motivarían el hilo conductor, o que incluso podrían alternarse durante la trama.

En primer lugar, el protagonista de la cinta podría ser, por ejemplo, Evo Morales. Como todas las historias que propondré, es el típico perdedor al que le pasan cosas graciosas. Eterno candidato al premio Nobel de la Paz por su lucha en defensa de los derechos de los indígenas latinoamericanos, verá como año tras año, se lo arrebatan. Hacia el final de la cinta, llegará un tal Obama al poder en Estados Unidos (sic) y recibirá el Nobel de la Paz. Acto seguido, Morales, abatido, se suicida ofreciéndose a los matones de las grandes empresas y a los espías internacionales, que llevan tiempo pugnando por su cabeza. La reflexión del espectador en este punto debería ir en sentido de preguntarse: ¿y por qué no le han dado el premio al pobre de Evo? ¿O a Piedad Córdoba, mujer clave en la liberación de rehenes de las FARC, en Colombia, por ejemplo? ¿Por qué el Nobel se sustenta en promesas y no acciones y es otorgado al presidente de la potencia que más potencial armamentístico ostenta de la comunidad internacional? En fin, y cosas así.

En una versión a la española, el protagonista podría ser el pijo de Ricardo Costa. La película se centraría en la lucha de un hombre contra todo por conservar su cargo de poder, los relojes caros y otros favores sexuales varios. Y es que el bueno de Ric se ha negado a dimitir. Como las garrapatas, le han tenido que despegar de su cargo a base de mano dura. Y mira que a la dirección nacional del PP le ha costado. El más bueno aún de Camps tampoco quería cesarlo, en un acto de cobardía política injustificable. ¿Por qué será? ¿Quizás tema que la ley del efecto dominó se imponga en su partido y en su provincia? En este caso, sin embargo, lo más cómico de la cinta sería ver como el electorado valenciano sigue empecinado, a pesar de todos los escándalos de corrupción, los Bigotes, los pijos, las empresas estafadoras y los Don Vito’s que pululan por nuestro territorio, en votar al Partido Popular. En este caso, la moraleja sería clara: la democracia en Valencia no funciona. Quizá sea un defecto mental, pero lo cierto es que, cuando la corrupción se perpetua en el poder, hay que hacer algo más que votar cada cuatro años. ¿Realmente funciona la democracia como mejora de la voluntad social?

La última propuesta estaría más destinada al público joven. Su protagonista podría ser una de las hijas góticas de Zapatero que, desencantada con una sociedad que se ríe de ella por ir a una cumbre en la ONU vestida libremente, decide darse a la bebida para sustraerse de un mundo que no va con ella. En una de esas, se vería envuelta en un disturbio frente a la Policía, como el que hubo en Pozuelo hace un mes o así. Ella estaría en primera línea, lanzando botellas de cristal a los antidisturbios y acabaría en comisaría tras incendiar un cuartel de la Guardia Civil. Esta cinta sería más independiente, relataría la comicidad que se esconde detrás del hecho de que ahora, en vez de protestas sindicales por la bajada de salarios, la violencia provenga de una juventud acomodada y pija, pero alcoholizada.

El Sistema ha terminado por fabricar engendros que bien podrían semejar su propia autodestrucción. Los nuevos anarquistas ven Física o Química, compran en Zara y entre sus temas más importantes de conversación se hallan el fútbol, las chicas y las depilaciones, en ese orden. La contundencia visual de las imágenes que esta película mostraría serviría también para mandar un mensaje a las fuerzas policiales y represivas: “Si véis que la gente está bebiendo a gusto, ahí, que son fiestas en el pueblo y es normal que se arme jaleo… No hagáis nada, que al final algo terminará ardiendo”. Ahora la juventud no se rebela contra la guerra de Afganistán, el caso Gürtel o los asentamientos judíos, sino contra el hecho de que no les dejen pegarse la fiesta. En fin, que “la botella de whisky, ni tocarla” (sic).

miércoles, 7 de octubre de 2009

Estado de sitio en Llanera


Hace unos días me acerqué por Llanera junto a unos amigos con el objetivo de ofrecer a sus vecinos la información que las autoridades les niegan sobre las posibles consecuencias del macrovertedero que albergará con toda probabilidad. La mayoría de sus habitantes las recibía con gesto de agradecimiento, al mismo tiempo que reconocía esa carencia de conocimiento del futuro proyecto. Otros advertían de la temeridad que suponía repartir los folletos en cuestión. En todo el municipio, tan sólo en una casa se opusieron a recibir los pasquines. Y sus inquilinos eran, verdaderamente, el ejemplo perfecto de la mala educación. Aceptaban el hecho de ser partidarios del megabasurero por el hecho de recibir el dinero que Llanera se lleva a cambio, sin importarles que otros muchos pueblos estén también perjudicados y no vean ni un duro. Unas opiniones que parecen coincidir a la perfección con las de su alcalde.

Tampoco parecía ser un inconveniente para ellos razonar con nosotros mientras masticaban con la boca lo más abierta posible el bocadillo de tortilla, o con gritos de menosprecio. Una actitud chulesca que les llevó a la conclusión de que lo que pensaban era cierto “porque lo digo yo”. El sí por que sí es algo muy propio de la gente que se encierra en sí misma, negándose a recibir información para justificar sus propias afirmaciones. Cuando la conversación degeneró en una apología del franquismo por parte de los tres hombres y una mujer en cuestión, decidimos que era momento de abandonarlos a su suerte. “Cuando Franco había más seguridad” creo que fue la última frase que escuchamos, después de que un compañero les dijera que su abuelo había muerto fusilado y uno de ellos le respondiera: “algo habría hecho”.

Pues algo habrá hecho alguien para que exista un movimiento cívico tan grande como el que existe en oposición al macrovertedero. Basta un recorrido rápido por la zona afectada por el mismo para comprobar como balcón sí, balcón no, hay banderas que así lo atestiguan. En la calle principal de Anna, por ejemplo, a penas hay viviendas que no denuncien la situación, algo que es totalmente impensable para otros temas sobre los que la opinión pública suele estar mucho más dividida. Motor de canalización de esa oposición son también las múltiples manifestaciones que se han ido sucediendo en los últimos meses, pese al continuo pasotismo institucional y mediático (bendito será el día en que la televisión pública valenciana aparezca en alguna).

El festival del sábado pasado fue otra muestra de esa subversión existente en nuestras comarcas. Pequeños pueblos que quieren dejar de ser el cuarto trastero y reivindican su capacidad de decisión, contraria a veces a lo que deciden los mandamases de las grandes ciudades en sus enormes despachos presidenciales, a pesar del miedo que se trata de imponer desde arriba, patentado, por ejemplo, con la sanción impuesta a una vecina de Rotglà por el simple hecho de manifestarse contra el abocador.

Volviendo a Llanera, que muchos creemos que sigue siendo una piedra angular en el progreso del movimiento cívico, sus vecinos deben dejar el silencio impuesto desde el ayuntamiento, olvidar el miedo y reunir una asamblea informativa que tenga un calado significativo entre su población. Se comenta que muchos vecinos creen poder perder el empleo y algunas amistades o familiares si se oponen a la construcción del vertedero. A ellos hay que decirles que, en ese caso, prefieren el dinero a la injusticia que recae sobre muchos. Los vecinos deben asociarse si quieren tener una influencia verdadera sobre el poder, que ha decidido prescindir de ellos. Si están unidos y demandan un referéndum, una vuelta de tuerca al proceso podría ser posible. De lo contrario, su alcalde haría honor a la ideología sospechosa que le delata por mantener una plaza llamada “del Caudillo”. Una vergüenza que hace cuadrar todas las piezas del eterno rompecabezas.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Hagamos cifras


Como hace poco que se han aprobado los Presupuestos Generales del Estado, con más o menos la misma bronca superficial de todos los años, cabe hacer balance. Las cuentas del Estado son el trámite por el que todo gobierno, si pasa indemne, no es quemado en la hoguera. Un trámite de oro en el que cabe pactar con el diablo si hace falta para sacarlos adelante sin que la oposición se mosquee demasiado. Y es que es mucha la responsabilidad del Parlamento en este asunto, estamos hablando del dinero de los españoles. Millones y millones de euros que todos queremos que vayan a buen puerto. Es lo que tiene delegar nuestros precarios sueldos en unos cuantos que se dicen expertos, pero que barren siempre para su propio tejado.

De entre todos los ministerios, el de Interior es que sale, sin duda mejor parado. Con más de 8.000 euros en el bolsillo, el Ejecutio trata de impostarse como sea la victoria sagrada del triunfo sobre ETA, que serviría, sin duda alguna, para lograr un triunfo casi asegurado en las próximas elecciones. También se hace necesario coordinar unas extensas fuerzas de seguridad y supuesta inteligencia. Pagar las cenas y los caprichos de algunos directivos manirrotos del CNI (Centro Nacional de Inteligencia) es lo que tiene. Espiar a otros países y llevar a cabo auténticas persecuciones contra el asociacionismo y algunas agrupaciones políticas, sin embargo, parece no tener precio. Como diría aquel, Todo sea por la patria. Un pueblo seguro es un pueblo acrítico, de eso no cabe duda.

A Interior le sigue otro Ministerio vinculado con la seguridad y las armas. ¿Por qué será? Defensa recibe más de 7.600 millones de euros que sirven para que nuestro preparado ejército dé la talla en los combates internacionales (justificados o no). En Afganistán, Kosovo y otros países en conflicto ya se frotan las manos por esta aportación, igual que Carme Chacón, que sigue con un sueldo irrenunciable. Contrasta, sin embargo, el presupuesto para Defensa con el de, por ejemplo, Educación, ese tema que tanto parece preocupar (a veces) a la opinión pública española, pero que sigue siendo todavía uno de los más precarios y peor preparados. La historia dice que sólo hubo una vez en la historia en la que el presupuesto de Educación superaba al del Ejército: durante la II República Española. Y expertos internacionales avalan aquel método como uno de los mejores. Poco dinero recibe también, en comparación con el destinado a Interior y Defensa, el Medio Ambiente, pese a la aparente “gran preocupación” del Gobierno Central. O Igualdad, que recibe tan sólo 77 millones de euros, el Ministerio con menos, demostrando con ello que es tan sólo un departamento supeficial, propagandístico y con escaso margen de actuación.

La buena noticia de este año es que Su Majestad ha congelado el sueldo de la Casa Real. Ahora “sólo” cobran 9 millones de las arcas de los españoles. Todo un ajuste del cinturón (que no se han bajado el sueldo, no) que les hará saber un poco más como convive el español medio en el día a día. Lo mismo ocurre con Zapatero, que tampoco se ha bajado el sueldo pese a esa austeridad que promulga en cada uno de sus discursos. Su sueldo: 92 mil millones de euros anuales, que explican bastante bien por qué gusta tanto el poder. Frente a ellos, otro español ha optado por subirse el sueldo en la escudería menos austera. Alonso cobrará 25 millones en Ferrari. Aunque, se me olvidaba, este tipo ni siquiera cotiza en España, porque posee un paraíso fiscal suizo. La austeridad es una solución, pero no parece ser la principal prioridad real del actual Gobierno. Hagamos cifras, pensemos con la cabeza y pidamos que los poderosos se bajen de una vez el sueldo para alimentar a los parados. Solidaridad es la cuestión.

jueves, 24 de septiembre de 2009

La Dipu te Educa


Otra vez la educación se ha situado recientemente en el punto de mira principal de la opinión pública. Objeto eterno de debate, parece como si continuamente se den palos de ciegos que no conducen a nada. La última propuesta: convertir a los profesores en autoridades educativas, al mismo tiempo que, desde varios círculos políticos, se defiende un aumento de la autoridad misma en las aulas. ¿Qué es esto de que los alumnos tengan tanta libertad? Según algunos, hay que volver a los “viejos métodos”, los de la consigna del “a dios rogando y con el mazo dando”. ¿Qué Fulano no ha hecho hoy los deberes? Pues se le castiga: veinte flexiones y un paseo desnudo por el pasillo. Los que estamos inmersos todavía en la realidad de la educación, sin embargo, vemos que esa no es la solución, porque estamos hablando de personas, no de máquinas o perros que hay que dominar. A diferencia de ellos, a nosotros nos cuesta permanecer encerrados tantas horas en un mismo sitio, sobre todo hasta cierta edad.

Además, algunos políticos confunden la demanda de autoridad con una actuación que trata de mezclar cada vez más educación y política. Me explico. Ahora más que nunca las inauguraciones de colegios son vistas como cartillas con una infinidad de puntos a favor para el gobernante de turno que los inaugure. Se organizan maratones entre las autoridades políticas en las que se compite por ver quién es capaz de abrir más centros educativos. Sean públicos, privados o tristes barracones donde te asas en verano y te hielas en invierno (de los que en el País Valenciano somos líderes indiscutibles). Hace unos días, en el intento de Alfonso Rus por lavar su imagen en una ciudad que ha dejado algo descuidada desde que es Presi de la Dipu, sobre todo en materia educativa (donde además perdió algunos puntos por aquello de llamar gilipollas a algunos profesores), inauguraba dos colegios, después de 14 años sin hacerlo. ¿Coincidencia?

Al evento acudió también Font de Mora, aprovechando la misma agua utilizada por Rus para lavarse también. El conseller de Educación no es tampoco precisamente bien recibido por estos lares, sobre todo en Enguera, donde fue capaz de deponer al director de su colegio público, el CEIP Eduardo López Palop, tras veinte años de mandato premiado e incuestionable, en favor de la hija de un concejal del PP de Bicorp, que además no cuenta con los requisitos mínimos para convertirse en directora (tan sólo ha ejercido como docente 13 meses). Y no es el único caso, lo que nos lleva a preguntarnos si quizás los de arriba no confunden demasiado a menudo autoridad con autoritarismo político. Un gesto dictatorial supone también, desde algunos puntos de vista, la imposición del uniforme (palabra que viene de uniformidad, hay que recordar) en los colegios públicos de la Comunitat. Personalmente, me dan miedo unos centros donde los profesores sean autoridades y los niños vayan uniformados al trabajo… ¡Ah no, perdón! ¡Que van a escuela! Casi se me olvidaba.

jueves, 3 de septiembre de 2009

El turismo de la basura

Recomiendo ver Tierra. Un documental sobre cómo el calentamiento global está afectando al planeta, condenándolo a un destino ruinoso, marcado por el deshielo, la extinción de animales y la escasez de agua. Fuera de esa religión en que parece haberse convertido la lucha contra el cambio climático, las bellas imágenes de la naturaleza en su perfecto esplendor hicieron mover muchas cosas en mi mente. Sobre todo, una: me di cuenta de la gran suerte que supone vivir en un pueblo, donde la mano del hombre aún no ha podido quebrantar del todo ese orden natural, se respira el aire puro y pasear no es un acto de cinismo, empañado por el humo de los coches o la contaminación acústica y visual que hay en las ciudades.
Sobre todo ahora, en verano, la gente se suele sentir agradecida con los pueblos pequeños. Anna, por ejemplo, acoge a decenas de visitantes que contribuyen además a las arcas municipales. Ahora bien, muchos de ellos aportan más bien poco. Basta con acercarse a ese inmejorable entorno natural que es el gorgo de la Escalera para comprobar cuán guarro puede llegar a ser ese ser desconocido llamado turista. Como si dijeran: “Sí, os estoy muy agradecido por la tranquilidad que se respira en vuestro pueblo, pero voy a llevaros la mierda –con perdón-“. Eso mismo nos quieren traer también muchos políticos –de signo indistinto- que, mirando hacia otro lado, se han sacado de la manga un vertedero de dimensiones similares a los botellones universitarios. La diferencia es que la basura no se la llevan al día siguiente. Miles de personas nos hemos opuesto, pero entre basura y democracia no hay elección. En Londres ya pagan a los países africanos porque se lleven contenedores repletos de desperdicios. Aquí se repite esa lógica: el culo del mundo –nunca mejor dicho- viene a ser el váter donde evacuan las zonas donde se acumulan las mayores riquezas. El turismo de sol y playa gana al rural y por eso nos comemos la basura de Gandia. Simple.
Pero no todo son desgracias. Teniendo en cuenta lo guarros que son algunos turistas, quizás se instaure en nuestros municipios un nuevo tipo de turismo: el de la basura. Nada como un recorrido por la planta de residuos como para fomentar el desarrollo de nuestras poblaciones, ahogadas también por los escasos ingresos –cada vez menores- que reciben los ayuntamientos. La serranía, nuestro bien más preciado, arrasada por el ansia de producir desperdicios del ser humano, en forma masiva. A tiempo estamos todos de pararlo, sobre todo con el empuje de los más jóvenes, para desmentir aquella frase de Miguel Hernández, que se preguntaba dónde estaba la juventud y respondía: en el ataúd. Salgamos pues de ese ataúd y defendamos la Tierra, tanto del calentamiento global como del enfriamiento de las conciencias, causado por el ansia de dinero fácil que tienen algunos.